Corrientes

 

a la ciudad

En su Sapucay, aún respiro.
En la tierra del gaucho, he sonreído.
A la hora del pombero, yo he nacido.
Años después, el lucero me trajo un 'te quiero'
Mi Corrientes sigue vivo.
La utopía se maquilla detrás del puente
paciencia... recita el pescador mercante,
a orillas del Río con su mate.
Recuerdos ausentes, mi herida latente.
La siesta marca el tempo,
del silbido del paisano
y el redoble del guri contento;
costumbres que me sacaron el aliento.
Rastros de alpargatas gastadas
en el Mitre y las plazas
custodian secretos de la vagancia,
fotogramas de la infancia.
La he caminado y transpirado;
Corazón malherido, esperanzas en olvido
testigo de amores que no han sido
amistades que han sobrevivido. Otras se han ido.
Trate de cambiarla, probe otros ojos
respire su calor, la escupí sin despojos.
Causa de mis anhelos,
efecto de mis defectos
con desdén me
separé 
del lugar donde me crié.
Yo tan en contra y no hay quien haga frente,
a la rebelde ciudad del nordeste.
El guaraní, mezclado en mi hablar
disgustado, busque nuevas formas de actuar.
En constante tracción y sin poder llegar
mierda, uno vive sin apreciar.
La melancolía de las noches,
viste sin razones
arrima lágrimas, pero no perdones mi recuerdo, lleno de pretenciones
queriendo ser lo que nunca fui ni sere pero solo se, que al sonar un chamamé revive el deseo volver.
Corrientes, pue.

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