Mañana Borracha
A plena vista
Nada parece cambiar,
pero su corazón sabe
que, bien o mal,
el cambio ya nació
y la mente no lo vio.
A simple vista,
el sol brilla
y la luna ilumina
el camino del borracho,
quien canta su pena,
entre folklores y una de Beethoven.
Ese himno alegre
entristece su caminar.
La mañana se estira
y la vuelta a casa,
como el río en su caudal,
no parece cambiar.
Descalzo y con su bemol,
su vino rasguña el vacío,
y el borracho silba,
desafiando lo desconocido.
Él sabe que, al ver el presente,
ya lo ha visto todo,
porque ahi mismo reposa,
suave y con aroma a rosas,
la fragancia del alma,
que a simple vista se muestra,
no para aquel que quiere
ver antes de creer.
El asfalto quema
y la suela de su zapato
contradice su andar,
pero su camino se hace al caminar.
En alto, su bandera flamaea
y en el pecho, su escarapela.
Su vino se va
y entra un sabor a certeza.
La quietud es virtud,
la palabra pesa,
pero también sana
al que se esconde en la resaca.
Él ahora ríe y también llora—
porque sabe que la suerte
es amiga de la acción,
y el cortejo
es tan solo un juego
sin reglas y de pasión.
Distinto es el amor,
cuya única condición
es mantenerlo incondicional.
Y al que se atreva a dar
sin sentarse a esperar,
la copa se le volverá a llenar.



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